Una investigación encabezada por la Fiscalía de Delitos Complejos de San Francisco terminó con la detención de un hombre adulto acusado de engañar a través de TikTok a un niño de 11 años de esta ciudad para obtener material íntimo.
De acuerdo con la información conocida, el sospechoso se habría presentado en la red social como una adolescente de 13 años. Mediante ese perfil logró establecer contacto con el menor y ganarse progresivamente su confianza hasta conseguir que le enviara videos de contenido íntimo.
Sin embargo, la situación habría escalado posteriormente. Una vez que obtuvo las primeras imágenes, el adulto habría comenzado a amenazar al niño con difundirlas si no accedía a enviarle nuevos videos, esta vez mostrando su rostro.
La denuncia de los padres permitió iniciar la investigación
La situación fue advertida y denunciada por los padres del menor, lo que dio origen a una investigación de la Fiscalía de Delitos Complejos de San Francisco, a cargo de la fiscal Silvana Quaglia.
Las tareas investigativas permitieron establecer que detrás del perfil utilizado para contactar al niño habría un hombre adulto domiciliado en la ciudad de Córdoba.
Con esos elementos, la Justicia ordenó un allanamiento en la capital provincial, donde los investigadores lograron localizar al sospechoso y secuestrar su teléfono celular.
Encontraron material vinculado a otras posibles víctimas
La investigación podría tener ahora un alcance mayor. Durante una primera revisión del dispositivo secuestrado se habrían encontrado materiales de abuso sexual infantil y otros elementos que podrían estar relacionados con hechos similares y víctimas de diferentes puntos del país.
Tras el procedimiento, el hombre quedó detenido e imputado por los delitos de grooming y coacción, mientras continúa el análisis del material incorporado a la causa.
El grooming consiste en el contacto de una persona adulta con niños o adolescentes mediante redes sociales, aplicaciones, chats, videojuegos u otras plataformas digitales con una finalidad sexual. En muchos casos, el agresor utiliza una identidad falsa para generar confianza y posteriormente recurre a amenazas o extorsiones para conseguir nuevas imágenes o encuentros.
En Argentina, esta conducta está tipificada como delito desde 2013, a partir de la incorporación del artículo 131 al Código Penal.